Fritz Egner y Alex Gernand suman más de 90 años en el negocio musical, con entrevistas a los Beatles, James Brown y Michael Jackson entre sus credenciales.
Cuando Fritz Egner tenía 17 años, ayudó a cargar una mesa de billar por la puerta de los estudios de AFN Munich y se aplastó el dedo meñique. Fue la entrada más accidental al periodismo musical de la historia reciente. Alex Gernand, por su parte, fundó su propia revista de heavy metal con una máquina de escribir mecánica prestada de su abuela y la vendió hasta en América. Ambos llevan más de cincuenta y cuarenta años, respectivamente, en el corazón del negocio musical alemán, y ahora se sientan juntos por primera vez a intercambiar historias que ninguno de los dos ha contado en el mismo sitio.
La suma de sus carreras representa algo difícil de encontrar hoy: acceso real, sostenido durante décadas, a los artistas más grandes del siglo XX. Egner entrevistó a tres Beatles, habló once veces con James Brown y condujo durante 45 años el programa de radio más escuchado del sur de Alemania en Bayern 3. Gernand pasó 25 años en Bravo, la mítica revista juvenil alemana, y terminó como jefe de redacción. Entre los dos han estado en el backstage de casi todo lo que importa.
Gernand recuerda la fecha exacta de su primer concierto: el 6 de octubre de 1980. Kiss con Iron Maiden como teloneros en Karlsruhe, dentro de una gira organizada por la propia Bravo. Tenía 14 años y su madre lo llevó en coche desde Mannheim. La entrada todavía la conserva. Egner, en cambio, duda entre los Beatles y los Rolling Stones, ambos en el Zirkus Krone de Munich en 1965 y 1966, también dentro de las llamadas Bravo-Touren.
"Mir hat auch Ringo dann viel später mal gesagt, ich habe teilweise das Tempo nicht richtig halten können, weil ich gar nicht gehört habe, was die anderen gespielt haben." — Fritz Egner
El dato que Egner comparte sobre aquellos conciertos de los Beatles es revelador: el escándalo de los gritos era tal que los propios músicos no se escuchaban entre sí. Ringo Starr le confesó años después que a veces perdía el tempo porque no podía oír a los demás. Charlie Watts, en los Stones, sufría exactamente lo mismo. La Beatlemanía, tan celebrada en las imágenes de archivo, era también una tortura para quienes la protagonizaban.
El camino de Egner hacia AFN Munich ilustra cómo funciona el azar cuando uno está dispuesto a aprovecharlo. En 1974, escuchó en su emisora favorita que buscaban un técnico de estudio. Fue al edificio de la Karlbachstraße 15 en Schwabing sin intención real de solicitar el trabajo, solo quería ver los estudios y conocer en persona a los locutores que escuchaba cada día. Terminó ayudando a mover una mesa de billar, se aplastó el dedo y, mientras la secretaria lo atendía, alguien le preguntó si tenía algún otro motivo para estar allí.
"Sí, me interesa el puesto de técnico de estudio", dijo. Le respondieron que buscaban a un americano. Él contestó que hablaba inglés bastante bien. Y funcionó.
Lo que Egner no mencionó en aquella primera entrevista fue que ya conocía los estudios desde dentro: siendo estudiante de ingeniería eléctrica, había clavado los paneles acústicos en las paredes del primer estudio Musicland, en el sótano del Arabella-Park. Ese estudio lo había fundado Giorgio Moroder, quien entonces pasaba cada día a llevarle leche porque el polvo de la lana de acero que usaba para el revestimiento acústico le llenaba los pulmones. Fue también Egner quien le comunicó a Moroder que su canción "Son of My Father" había entrado en el Top 40 americano, después de escucharla en una emisión de AFN. La recompensa fue una cena en el restaurante más caro que encontró.
Giorgio es conocido por no ser especialmente generoso. Pero al final me lo permitió.
La historia de Gernand empieza con más aburrimiento y menos casualidad. Creció en Lampertheim, cerca de Mannheim, una ciudad de 35.000 habitantes donde las opciones de ocio se reducían a la heladería o el campo de fútbol. En 1983, con 17 años, fundó junto a un amigo una fanzine de heavy metal llamada Schockpower. La portada del primer número la pintaron a mano porque no tenían fotos. El texto lo mecanografiaron en la máquina de su abuela. Las portadas y los titulares, también a mano.
El primer número de Schockpower ya incluía una reseña del álbum debut de Metallica, con la calificación "Metal Album of the Year."
La segunda edición la imprimieron y empezaron a anunciarla en la revista británica Kerrang con un pequeño clasificado: "Shock Power, German Heavy Metal Magazine." Los pedidos llegaron desde América. Para entonces Gernand ya había entrevistado a Udo Dirkschneider, el vocalista de Accept, como primer encuentro con un artista al que admiraba.
La motivación inicial no era complicada. Había visto en Bravo una foto del reportero Hans-Jörg Riemann junto a Kiss, entre bastidores en Ciudad de México. Un periodista alemán con su banda favorita, en todo su maquillaje, en el backstage. "Pensé: wow. Eso es lo que quiero hacer. Mi nombre debajo de un artículo sobre mis grupos favoritos."
Ambos llegaron a la música a través de sus madres. La madre de Gernand tenía 13 años cuando se fundó Bravo en 1956 y era fan acérrima de Elvis. Le compró la revista cada jueves durante años y nunca puso objeción a los pósters ni a los contenidos de educación sexual que hacían que otros padres la prohibieran en casa. La de Egner escuchaba discos de Elvis mientras él todavía era un bebé. El rock and roll fue, para ambos, algo que se mamó antes de poder elegirlo.
"La primera vez que escuché a Elvis fue como salir de una prisión." — Bob Dylan, citado por Gernand
La conversación sobre los orígenes musicales del siglo XX se vuelve densa en el mejor sentido: Elvis como puerta de acceso masivo al rock and roll sin haberlo inventado, con Chuck Berry, Little Richard e Ike Turner antes que él. La analogía que proponen es precisa: Eminem hizo en el hip hop lo que Elvis en el rock, ser el artista blanco que llevó la música negra a una audiencia que no la habría encontrado de otro modo. Y David Bowie, cuando escuchó a Little Richard por primera vez en la radio, dijo que sintió que Dios le hablaba.
Egner añade un dato que cambia ligeramente la perspectiva sobre la historia de la música popular: Paul McCartney y George Harrison le contaron que oyeron el rock and roll por primera vez gracias a AFN Munich, el emisor más potente de la red, cuya señal de onda media llegaba por las noches hasta Liverpool. Sin AFN Munich, quizás no hay Beatles tal como los conocemos.
La anécdota más cargada emocionalmente de Egner tiene que ver con James Brown. Asistió a su primer concierto en el Apollo Theater de Harlem en 1968 o 1969, con 17 años, acompañando a una amiga mayor que visitaba a sus parientes en Long Island. No consiguió entrada para ningún musical de Broadway y solo quedaba una localidad para el Apollo. Fue el único hombre blanco en la sala.
Lo que vio esa noche, 40 músicos en el escenario, bailarinas, un maestro de ceremonias que presentó a Brown como si pudiera caminar sobre el agua, y el propio Brown haciendo el spagat sin detenerse durante horas, le dejó una pregunta que no abandonó durante décadas: de dónde sacaba esa energía.
Pensé: si alguna vez pudiera estrecharle la mano y hacerle dos o tres preguntas, sería suficiente. Ahí nació el deseo.
Egner entrevistó a James Brown más de diez veces a lo largo de su carrera. Brown exigía que se le tratara de "Mr. Brown" en todo momento, porque él también trataba a todos de usted y esperaba reciprocidad. En uno de los últimos encuentros, en Londres, Egner comenzó la conversación con la fórmula habitual: "Mr. Brown, thank you for sharing time." La respuesta lo sorprendió: "You can call me James." El saxofonista de la banda se le acercó después: "What did you do to the boss? We still have to address him as Mr. Brown."
You can call me James.
Gernand llegó a Bravo en abril de 1988, después de que su padre dejara silenciosamente sobre la mesa un recorte de periódico con una oferta de empleo. Sin decir nada. Sin sugerir que se presentara. Gernand lo arrugó y lo tiró a la papelera. Luego lo recogió. Fue al photomaton de la estación de Dortmund, se hizo una foto con el pelo largo y cara de no haber dormido, y envió la solicitud con una carta escrita a máquina. Una semana después lo llamaron para una entrevista.
En la sala de espera, preguntó a la secretaria cuánta gente se había presentado. Ochenta. Luego preguntó a cuántos habían citado. A él eran cinco. Ese cambio de perspectiva, de uno entre ochenta a uno entre cinco, fue suficiente para entrar al despacho del director con otra actitud.
Lo que convenció al jefe de redacción no fue el currículum, que no cumplía los requisitos, sino la historia de la fanzine: que a los 17 años había fundado una revista, la había tipografiado con la máquina de su abuela y la había distribuido hasta en América. "Eso lo subestimé completamente. Se quedó enganchado en eso."
Los dos se cruzaron durante años en conciertos y ruedas de prensa sin llegar a conocerse. Coincidieron en 1990 en la misma habitación del Bayerischer Hof entrevistando a Robert Plant, sin saberlo. Estuvieron en la misma fiesta de presentación de Tina Turner en Colonia en 1989. Se vieron brevemente cuando Egner fue al archivo de Bravo a buscar material para un proyecto sobre Creedence Clearwater Revival. Y finalmente, en septiembre de 2024, en la rueda de prensa de los Jacksons en Munich, el mismo Zirkus Krone donde los hermanos habían tocado en 1972 con Michael, Gernand vio a Egner sentado con su hijo Levon y decidió que era el momento de que la conversación empezara de verdad.
Los dos coinciden en describir su trabajo con la misma palabra: mediadores. Tuvieron acceso a artistas que no tenían tiempo que perder, y ese acceso se mantuvo porque supieron usarlo con criterio. No preguntar por el color favorito de los calcetines, dice Gernand, que asegura haberlo evitado incluso en Bravo. Construir una reputación de preguntas serias en un circuito donde los managers y los músicos hablan entre sí.
"Éramos privilegiados. Estas personas no tenían tiempo que regalar. Tuvimos la suerte de ser lo suficientemente convincentes para que nos lo dieran." — Fritz Egner
La lógica era simple al principio: el artista sabía que Bayern 3 tenía un millón y medio de oyentes, o que Bravo llegaba a seis millones de lectores semanales. Eso abría puertas. Pero el acceso continuado dependía de algo diferente: que corriera la voz de que valía la pena hablar con ellos.
Al cierre de esta primera entrega, los dos dejan claro para qué existe el podcast. No es nostalgia, aunque hay mucha memoria en cada anécdota. Es la convicción de que hay artistas, canciones y momentos que no pueden perderse porque ya no quedan jóvenes que sepan quiénes son. Gernand lo formula sin rodeos: hay alumnos que no conocen a los Beatles. Egner asiente. La lista que proponen como territorio del programa incluye a Jimi Hendrix, Tina Turner, los Rolling Stones, Bob Dylan, Bob Marley, Led Zeppelin, y quien protagonizará el próximo episodio: Michael Jackson, cuyo biopic acaba de superar a Bohemian Rhapsody como la película musical más taquillera de la historia.
Egner escribió un libro sobre Jackson. Estuvo en el estadio Atatürk de Estambul en 1993, la primera vez que lo vio en persona, gracias a Marcel Avram, el promotor que había traído a los Jackson 5 a Alemania en 1972. Gernand tiene el pase de acceso total de la gira History. Tienen material, tienen perspectiva y, sobre todo, tienen preguntas que nadie más está en posición de responder.
Egner lleva décadas guardando en algún lugar de su casa una tarjeta de Navidad firmada por Elvis Presley. Su hermana la pidió por correo a Memphis cuando él era niño, como regalo de Navidad, y llegó dos años después. Al frente, el nombre. Al dorso, "Merry Christmas." Y el sello de la oficina de Memphis. Todavía no la ha enmarcado.